“Me voy
fuera”, esa fue mi decisión, así de rápida y dispuesta, cuando me di cuenta que
de que no tenía visión de futuro. Siempre he tenido la mente ocupada con planes
o cosas por hacer, pero ahora no me ocurría esto…Es frustrante el querer y
saber que tienes que progresar, pero que no hay nada por hacer aquí, junto a tu
familia y amigos…
Esto, junto con que mi situación familiar no es de lo mejor, es lo que me llevó a tomar esta decisión. Y así fue, en poco tiempo encontré a una "host family" y estaba dispuesta a trabajar como Aupair.
Era la
mejor opción…te vas fuera por un largo tiempo, tienes alojamiento y comida
incluidos, una pequeña paga semanal y vives con una familia inglesa…era
perfecto para lo que yo buscaba, avanzar con esa espinita que siempre he
tenido, aprender inglés.
En
cuestión de semanas organicé todo, un lio vamos, porque imagínate el irte para
tanto tiempo… ¿qué llevas?, ¿qué dejas?, ¿qué necesitarás?...
La
última semana de mi estancia en mi queridísimo país (con su encantador tiempo y
su magnífico ambiente…) me resultó bastante agobiada, sin nervios, pero muy agobiada.
Eso sí, lo que nunca me hubiera esperado es que también hubiera sido una de las
mejores semanas de mi vida…
Jamás
me he sentido tan querida, feliz y orgullosa de tener a la familia y amigos que
tengo. Puedo decir con la boca bien grande que soy una afortunada por tenerlos
a mi lado, y que poca gente puede sentir lo mismo. Me regalaron tan geniales
sorpresas, detalles y momentos inolvidables en mis últimos días, que fue
entonces cuando empecé a sentir pena por
irme… Me daba cuenta que iba a dejar atrás a muchas personas muy importantes
para mí, personas a las que no iba a poder tener a mi lado durante mucho tiempo, a las que no iba a poder abrazar, ni tocar o simplemente sentirlas ahí...; y también momentos, muchos buenos momentos,
momentos que solo ocurrirán una vez, y que yo no los voy a poder disfrutar con
ell@s...
La cosa
es que para ellos no cambia mucho nada, todo sigue más o menos igual, pero…
para mí cambiará TODO. Y comencé a sentirme un poco asustada… Nunca me han
gustado las despedidas, y me he dado cuenta que me gustan mucho menos si son
tan dulces como las que tuve.
Pero ya estaba todo decidido, sin marcha atrás, el objetivo era conseguir mejorar un poco, y con sus ventajas e inconvenientes se tenía que intentar.
Y así
fue como el sábado por la mañana, después de una gran semana de fiestas y
despedidas, y de haber dormido 2 horas con una embriagadez enorme, me tocó
partir con una maleta cargada de buenos recuerdos y regalos muy muy especiales.
Sufrí
un viaje largo, muy largo. Primero AVE hasta Madrid, luego avión hasta
Frankfurt, ahí una espera de ¡12 HORAS! en el puto aeropuerto, y de nuevo
avión hasta Birmingham. Joder, ¡que Nottingham está ahí al lado y parece que
me iba a la Conchinchina! Tuve la suerte de que antes de embarcar hacia tierras extranjeras,
donde no tendría conexión a internet ni al necesitado “whatsapp”, varias
personas se acordaron mucho de mí y me hicieron el viaje más ameno. ¡GRACIAS!
Y ya
por fin llegó la hora de conocer a “Los Casimiro”. Me recogían en el
aeropuerto, y cuando salí, después de esperar una larga cola aduanera, había muchísima
gente esperando a pasajeros, algunos con carteles de nombres, pero no vi el mío
por ningún lado. Me alejé un poco hacia la puerta de un pequeño restaurante y
le envié un mensaje a Evelyn diciéndole dónde me encontraba y como poder
reconocerme, y a eso de varios minutos veo a una familia que acercarse a mí, veo
a mi nueva familia.
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